Voy a decir la verdad

Autor

Capitán Sediles

Año de Edición

1931

Editorial

Zeus. Madrid

Medidas y estado

296 p. 19 x 14 cm. Rústica original. Lomo ligeramente desplazado. Buen estado

125,00

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El 12 de diciembre de 1930 estalló en Jaca una insurrección militar encabezada por los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández con el propósito de proclamar la República en España.

Una vez que los rebeldes se hicieron con el control de Jaca, y tras sendos tiroteos en el cuartel de la Guardia Civil y en la Comandancia de Carabineros, que se saldaron con tres muertos, se proclamó la República en el Ayuntamiento de Jaca, donde se colgó del balcón la bandera tricolor.

Inmediatamente después los insurrectos formaron una columna con 900 efectivos para dirigirse a Huesca. En la madrugada del día 13 se encontraron con fuerzas gubernamentales que abrieron fuego contra los sublevados provocando la desbandada de las fuerzas de Galán, que se entregó a las autoridades.

La intentona fracasó entre otros motivos por la determinación de Galán de adelantar la sublevación varios días al plan del comité revolucionario creado por las fuerzas antimonárquicas adheridas al Pacto de San Sebastián.

Al día siguiente, Galán y García Hernández fueron sometidos en Huesca a consejo de guerra, condenados a muerte y fusilados, convirtiéndose en los primeros mártires de la futura República.

A los cabecillas del golpe contra la Monarquía les siguieron varias decenas de oficiales y suboficiales que serían también procesados y condenados por rebelión militar. El capitán Salvador Sediles Moreno, del Batallón La Palma 8, fue el único de los procesados sobre el que recayó una sentencia a la pena capital. Su condena suscitó tal repulsa social que el Rey Alfonso XIII le conmutó su condena a muerte por la de treinta años de prisión.

En ese mismo año Sediles publica su interpretación de los hechos en los que achaca el fracaso del levantamiento a que Casares Quiroga, enviado por el Comité Revolucionario para ordenar a Galán que retrasara la insurrección, se quedó dormido en el hotel y no hizo llegar el mensaje a los conjurados. Hoy en día los historiadores discrepan de su versión y creen que Galán pensaba que el retraso en nada favorecería la acción por causas climatológicas y de reemplazo de efectivos. El propio Sediles en este libro parece confirmar esta idea cuando explica la «teoría del mantel» de Galán, según la cual sólo era necesario que uno de los grupos implicados en la conspiración se sublevase para arrastrar a los demás con él.

En cualquier caso, y pese a la lógica subjetividad con que se describen los hechos, la obra constituye un documento muy valioso para entender aquel episodio de infravalorada trascendencia en la historia de España.

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