ROSA-FRÍA PATINADORA DE LA LUNA

Autor

María Teresa León

Editorial

Espasa Calpe. Madrid

Año de Edición

1934

Medidas y estado

118 p.; 18 x 12 cm Cartoné editorial rozado. Buen estado.

Sin existencias

María Teresa León nace en  en Logroño en el seno de una familia de la alta burguesía. En 1920 contrae matrimonio con Gonzalo de San Sebastián en Barcelona, con el que tiene dos hijos. Años más tarde conoce a Rafael Alberti y se divorcia de su primer marido. Con Alberti visita Alemania, Bélgica, Holanda y la Unión Soviética para estudiar el movimiento teatral de estos países. Ambos militaban en el partido Comunista y participaron en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos en la Unión Soviética. En 1933 fundan el diario Octubre.

La labor literaria de María Teresa es temprana. Sus primeros artículos, firmados en su mayoría con el seudónimo de Isabel Inghirami, aparecieron en el Diario de Burgos a partir del año 1924. Se trataba de unas columnas muy arriesgadas que buscaban la justicia social y se rebelaban contra la pacatería dominante.

Escribió siete colecciones de cuentos, entre los que destaca “Rosa fría, patinadora de la luna”, libro de tono surrealista que contrasta con el carácter social de otras colecciones.

Las historias pertenecen al terreno de lo fantástico y entremezclan la tradición oral y las aportaciones de las vanguardias españolas de los años treinta.

Los títulos que componen esta colección de cuentos resultan muy llamativos. Estos evocan a personajes que van a introducir al lector en un mundo onírico.

La obra contiene espléndidos ejemplos de fábulas y metamorfosis que exponen las relaciones entre el plano maravilloso y el real, entre las hadas y los humanos.

María Teresa toma personajes de otros autores y los moderniza a su manera. Se aprecia por lo tanto una gran intertextualidad en su narrativa. Esta reinvención guarda relación muy estrecha con el género de la fábula, que es esencial para la compresión del texto. La unión de vanguardia, fábula y tradición hacen que la obra sea única.

La prosa es excelente, llena de juegos de palabras e imágenes muy cercanas a la poesía.

Rafael Alberti se encargó de las ilustraciones.

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