Este miembro menor de la Generación del 27 obtuvo el título de maestro nacional, pero nunca llegó a dar clases. Sin embargo, su vocación didáctica la ejerció a través de la crítica literaria en periódicos y revistas tan significativas como Los Lunes de El Imparcial, España, Revista de Occidente, El Sol y La Pluma. En este último es donde Juan José Domenchina conoce a Manuel Azaña, al que se ligó políticamente, primero en Acción Republicana y posteriormente en Izquierda Republicana, llegando a ser su secretario personal cuando fue elegido presidente. Durante la Guerra Civil ocupó distintos cargos de carácter cultural y propagandístico y a su término se exilió en México.
En la segunda década del siglo XX encabeza una corriente que, aun dentro de la tendencia modernista, abandona el sentimentalismo, la adjetivación colorista y la excesiva musicalidad para acercarse a la estética de Juan Ramón Jiménez.
Su poesía se endurece, se desnuda, dando la imagen de un poeta frío, culterano, barroco y muy intelectual.
En Poesías escogidas. Ciclo de mocedad se recogen versos de sus dos primeras obras: Del poema eterno y Las interrogaciones del silencio, a las que añade nuevas composiciones amparadas bajo el título de Neurastenia, donde ya se atisba el aire de coherencia y severa armonía que preside toda su obra.








