Tras la publicación de Versos y estampas, Josefina de la Torre consolida su voz poética, madura aun siendo joven, con este segundo poemario en el que marca el punto de partida de un estilo personal y reconocible.
El deseo y la pasión se abren paso desafiando con audacia los roles convencionales de género de la época. Incorpora elementos de la vanguardia sin abandonar la musicalidad ni la precisión en las imágenes.
El paisaje insular y la propia entidad de la isla como metáfora de la ausencia, el deseo y la esperanza dan cobijo a un cúmulo de emociones en el que el amado ausente genera vacío, pero también inspiración.
En el poemario predominan las composiciones breves, el lenguaje sencillo y transparente con gran destreza en el uso de la metáfora y sentido del ritmo.
Podemos hablar de cierto impresionismo poético en el que la imagen visual y la sensorial, se conjugan para evocar sensaciones y estados interiores.
Aunque no es un poema vanguardista radical, hay influencias perceptibles de movimientos como el surrealismo, el futurismo, también en imágenes técnicas o de velocidad (automóvil, cine). Se percibe una conciencia estética moderna.










