Media hora jugando a los dados es el título de una conferencia en la que Agustín Espinosa da cuenta de la necesidad de llamar la atención sobre el alcance de la obra y el infortunio vital del pintor Jorge Oramas. Con anterioridad, Espinosa había publicado en el Diario de Las Palmas el artículo «La trágica orfandad del pintor J. J. Oramas» con motivo de la exposición que el pintor había realizado en el Círculo Mercantil de Las Palmas de Gran Canaria.
La conferencia sería publicada en un cuadernillo con un dibujo en la cubierta realizado por Felo Mozón y su texto supone una de las tentativas más audaces y experimentales de la literatura surrealista española.
Nos encontramos ante una escritura que no señala, sino que sugiere, que desafía las convenciones narrativas y sumerge al lector en un mundo de imágenes oníricas y simbolismo que amplifica la obra que analiza. Supone un novedoso ejercicio de espontaneidad creadora que explora los límites de la realidad. No ejerce del típico crítico de arte que se desvanece en disertaciones teóricas, se transforma en el polo de atención que nos invita a dejarse llevar por el caos y la belleza del universo surrealista de un narrador que se encuentra en una especie de limbo temporal, jugando a los dados con el destino. A través de una serie de escenas aparentemente inconexas, Espinosa construye un collage de sensaciones y pensamientos que desafían la lógica y la razón. La escritura es ágil y poética, con imágenes que evocan tanto la belleza como la desolación.
Una anécdota sin confirmar nos cuenta que, durante la redacción de este texto, Espinosa solía llevar consigo un pequeño dado de madera que utilizaba como amuleto. Este dado se convirtió en un símbolo de su proceso creativo, representando la aleatoriedad y el juego que tan presentes están en su obra. Se dice que, en sus últimos años, Espinosa confesó a un amigo cercano que cada decisión importante en su vida la había tomado lanzando ese mismo dado, lo que añade una capa más de misterio y fascinación a su figura.







