Aunque es más conocido por su narrativa, José Ignacio Aldecoa se inició en la literatura con dos incursiones en la poesía: Todavía la vida en 1947 y Libro de las algas en 1949. Ambos fueron libros de edición privada, de cuidada factura, cultos, alejados de las habituales vehemencias juveniles y reveladores de lecturas y fervores por Juan Ramón Jiménez primero y por la Generación del 27 después.
Adecuado al momento en que se escribe, Libro de las algas rezuma influencias postitas y nos acerca por primera vez al mar y a la vida que lo rodea. El autor rescata en este libro la nostalgia del mar y el tiempo perdido y quizás, por ser la primera ocasión en la que dedica sus textos a la labor de los pescadores, que tan importantes serán en su posterior obra narrativa, se halla aún lejos del enfoque realista y social que utilizará en sus relatos.
En definitiva, también en su vertiente poética, Aldecoa es un creador genuino y original
que, apoyado en las obras de sus maestros predilectos, se instala en su propio espacio literario, desarrollando una voz única que responde a sus inquietudes artísticas, sociales y existenciales.








