Aunque Federica Montseny es más conocida por su labor política (llegó a ser la primera mujer española que alcanzó el cargo de ministra), no es desdeñable su actividad literaria, aunque ésta siempre estuviera al servicio de su ideología.
Anarquista, sindicalista y como hemos reseñado ministra de Sanidad durante la Segunda República, ya en periodo de Guerra, defendió un anarquismo libertario bastante teórico y un feminismo de corte racional o humanista, supeditado a su espíritu revolucionario que la llevó, por ejemplo, a demonizar el voto femenino.
La Victoria es su primera novela larga editada tras un buen número de opúsculos en los que la realidad aparecía tratada con cierto maniqueísmo simplista que contraponía a la burguesía y su industria frente al campo y el colectivismo. En La Victoria, Federica Montseny, va un paso más allá y se desvía de la narración lineal de la novela realista decimonónica valiéndose del diálogo y la reflexión filosófica.
Clara, una huérfana de padre que mantiene a su familia dando clases, experimenta un giro radical en su vida cuando conoce a un joven dirigente obrero que la introduce en los ambientes revolucionarios. En ese nuevo contexto recupera la libertad que le permite renunciar a todo tipo de relaciones sentimentales que no le convencen y proclamar su decisión de rebelarse frente a las tradicionales leyes del amor en pareja.
La novela suscitó acaloradas controversias sobre la transformación de los roles sexuales en la España de los años veinte, alcanzando gran resonancia incluso fuera de España. Hoy, sin embargo, la ausencia de reediciones modernas la han convertido en una obra semiclandestina.







