Entre 1909 y 1912, Ramón Gómez de la Serna escribió un conjunto de obras que él mismo llamó «teatro muerto». Piezas que sin llegar a ser representadas concentraron los rasgos esenciales de su obra temprana: la rebeldía antiburguesa, la exaltación del artista enfrentado al sacrificio y la denuncia del mercantilismo en el arte. Gómez de la Serna se expresa con un estilo enmarcado en el simbolismo y el teatro de ideas en el que se observa cierta afinidad con el ambiente bohemio y decadente que compartió con amigos como Julio-Antonio, Valle-Inclán o los colaboradores de Prometeo.
La utopía muestra la caída de Alberto, un escultor que en su juventud soñó crear una obra revolucionaria y libertaria, pero que en el presente aparece domesticado, atrapado en un matrimonio mediocre y dedicado a producir imágenes religiosas de serie. El regreso de figuras de su pasado idealista evidencia el contraste entre la bohemia heroica y la mediocridad burguesa que lo ha vencido. El dinero actúa como fuerza corruptora y el suicidio final de Alberto simboliza la muerte de aquel impulso artístico radical. La obra está dedicada al escultor Julio-Antonio, que diseñó su cubierta.







