Antonio Heras es hoy en día un autor raro y olvidado.
Fue lector de español en la famosa École des Roches hasta que en 1916 se traslada a Chicago donde inicia su periplo académico por distintas universidades americanas que ya nunca abandonaría hasta su jubilación. Aprovechó sus experiencias transoceánicas para escribir artículos periodísticos que posteriormente refundió en sus libros de viajes De la vida norteamericana: impresiones frívolas y De Nueva York a California, al mismo tiempo que colaboró con revistas norteamericanas publicando reseñas de literatura española.
Aunque su alejamiento de España no le supuso una desconexión de la patria, si le transmitió una nostalgia que se traduce en sus novelas donde prevalece la crítica al ambiente provinciano y la sensación de desarraigo.
La sombra de la ciudad es la primera de ellas. Una reflexión en torno al esquema de la ciudad inmóvil que actúa como una fuerza opresiva sobre el protagonista. La fortaleza de la narración reside en la creación de un ambiente asfixiante y en la representación de la ciudad como entidad que devora las ilusiones de sus habitantes aniquilados por la rutina, la mezquindad social y el peso asfixiante del entorno, y todo ello hábilmente descrito con un estilo cuidado, impregnado de prosa poética y elementos modernistas tardíos.
En definitiva, un autor olvidado que merece la pena releer.








