Texto breve y afilado publicado en tirada reducida para la Colección Hordino que Carlos Salomón dirigió de manera casi confidencial.
En La naranja es una fruta de invierno Camilo José Cela nos ofrece un relato muy reconocible en su mundo narrativo de entorno rural donde la dignidad masculina, el capricho y el absurdo conviven en un equilibrio precario que se rompe con violencia.
Con frases cortas, diálogos secos y ausencia de adornos innecesarios nos cuenta la historia de un incidente aparentemente trivial que tiene lugar en una taberna: «el Tinto», impulsado por un extraño antojo, devora un papel de moscas. Este gesto banal desata la humillación del tabernero Picatel, quien responde con una venganza desproporcionada y brutal: la matanza de un centenar de ovejas. A través de esta cadena de acciones absurdas, Cela construye una fábula tremendista que recuerda, en tono y crudeza, a La familia de Pascual Duarte, pero concentrada en un espacio mínimo y con una economía verbal admirable.
El gran acierto de Cela es la recreación de un ambiente cargado de silencios, orgullos y fatalidad tan arraigados a nuestra cultura que convierte cualquier nimiedad en tragedia.
Ejemplar indispensable para los seguidores del Nobel que tanto gustó de prodigarse en ediciones íntimas.








