Poeta de la Generación del 27 que suele ser injustamente omitido en sus antologías y reseñas. A cambio, es habitual leer que fue amigo de los poetas de esa Generación, cuando lo más correcto sería decir que ayudó a formar esa Generación a través de sus innumerables iniciativas culturales. Fue miembro fundador de la sevillana revista Grecia que llegó a ser una de las principales plataformas del ultraísmo, Papel de Aleluyas en Huelva y ya en la posguerra Santo y Seña. Ejerció como crítico de arte y promovió iniciativas cinematográficas, y su intensa labor cultural le llevó a cultivar amistades tan interesantes como las de Jorge Luis Borges y Fernando Pessoa.
Adriano del Valle fue un poeta esencialmente lírico que destacó en cada uno de los movimientos por los que transitó. Su primer libro, Primavera portátil, escrito entre 1920 y 1923, pero inédito hasta 1934, le concede el apodo de poeta pintor por su estilo plástico y sus sorprendentes collages surrealistas.
Tras sus andanzas por el modernismo, el neopularismo, el ultraísmo y el surrealismo, su poesía adquiere tintes más maduros, se abre a sensaciones más intensas y deriva hacia un barroquismo pleno que, aunque en ocasiones pueda ser tildado de demasiado retórico, es formalmente perfecto.
La innombrable refleja perfectamente ese estilo pleno de inquietudes estéticas y espirituales resueltas con una escritura rica en metáforas, juegos de palabras y referencias cultas.
Es una de sus obras menos estudiadas; sin embargo, podemos incardinarla en la etapa donde Adriano alcanza la madurez plena en su tendencia hacia lo simbólico y lo religioso.
Su escasa tirada la convierten en uno de los libros más raros del poeta.








