César González-Ruano puede ser considerado como el típico ejemplo de escritor maldito más identificado por su fama de personaje amoral y falto de escrúpulos que por su obra literaria y periodística. A ello contribuyó su afán por cultivar desde muy joven una imagen de dandi irredento que lo acercó al entorno de los escritores fascistas europeos y que terminó por convertirle en uno de los escritores oficiales del Régimen franquista. Más allá de su imagen, hoy ya es considerado como una de las plumas más incisivas que, tanto en la narrativa y la poesía como en la crónica, destaca por su capacidad para capturar las complejidades de la condición humana.
Aunque estudió Derecho desde muy joven se dedicó a la literatura y el periodismo. Sus primeros artículos se publicaron en el semanario de Sigüenza La Defensa. Posteriormente fue redactor en múltiples diarios de mayor entidad, ejerciendo además la corresponsalía en distintos lugares del extranjero.
Sus primeros pasos los da en la lírica modernista para aproximarse posteriormente al ultraísmo durante la década de los veinte.
La inmolada es su primera novela. Ambientada entre los personajes típicos de la sociedad de la época: vagabundos, aventureros, artistas, puede ser considerada una obra autobiográfica en su mayor parte, en la que, por la amada, el poeta renuncia a la fama, la auténtica inmolada, en pos de una dignidad que desprecia el éxito fácil de los mercaderes literarios. Es una novela poemática, lírica, donde ya se atisba cierta mordacidad que marcará su futura tendencia crítica.
La fantástica cubierta del libro fue diseñada por su amigo, el pintor ultraísta seguntino Francisco López Martínez.







