Poeta madrileño perteneciente al selecto grupo de los olvidados que fue amigo y compañero universitario de Gómez de la Serna.
Fue autor de una intensa y breve obra acotada por su efímera vida. Precoz en alcanzar la muerte y más aún en darse a conocer de la mano de Villaespesa con la publicación de La hora romántica cuando tan solo contaba con diecisiete años.
Ayudado por la estabilidad económica de su familia pudo compatibilizar su afición a la poesía con sus estudios de Derecho.
En 1910 conoció en París a Enrique Díez Canedo, con quien elaboró la fundamental antología de la poesía francesa moderna.
La fuerza de Fernando Fortún reside en la voz que brota desde la propia esencia de lo poético. Su poesía es más intimista que la de su propio mentor Villaespesa y está sumida en un profundo y tardío simbolismo que se desliza por un estilo altamente metafórico y sugestivo.
Las dos grandes metáforas de esta primeriza obra son el amor todavía no vivido y que se espera y el agua como símbolo de vida y muerte que nos iguala, como nos predijo Jorge Manrique.
Nos encontramos ante una extraña obra de optimismo juvenil y pesimismo eterno, inverosímil en un poeta de su edad.
De la importancia de su impacto en el modernismo español tardío nos da cuenta Martínez Cachero al incluir esta obra en el canon modernista al lado de poemarios tan trascendentales como La paz del sendero de Ramón Pérez de Ayala, Soledades, galerías y otros poemas de Antonio Machado y Hogares humildes de José García Vela.






