Primera novela de la trilogía La lucha por la vida en la que Baroja abandona un cierto idealismo con el que se había manejado en sus anteriores obras para abrazar un realismo costumbrista que denuncia la marginación de las capas sociales más desfavorecidas en un escenario de lucha diaria por la subsistencia en una sociedad deshumanizada.
La busca sigue a Manuel Alcázar, un joven huérfano que llega a Madrid desde un ambiente rural en busca de una vida mejor y que acabará enfrentándose a la pobreza y la delincuencia que anida en los bajos fondos de los barrios marginales.
En su afán de denunciar la pérdida de identidad individual que se sufre en los márgenes de la sociedad, la obra se aleja del esquema tradicional de la novela, se compone de escenas independientes en las que los personajes se generalizan y se presentan como paradigmas de los grupos sociales que representan.
Para profundizar en la tarea, Baroja se vale de un lenguaje sencillo, fluido y preciso, repleto de vulgarismos y solecismos que aportan autenticidad. Emplea un ritmo vivo, alejado de la retórica imperante en la época, con el que agiliza la lectura y prioriza la acción de los personajes frente a su introspección. Considera la realidad tan evidente y descriptiva que intenta no desviar la atención del lector con un análisis reflexivo de la situación. Este estilo otorga a la obra una importancia vital como referente del realismo social español.
Esta primera edición de la obra es rara y buscada.









