Arturo Capdevila, que luego sería un reconocido escritor conservador, publicaba en 1929 El apocalipsis de San Lenin, una biografía en verso del líder bolchevique dividida en capítulos y versículos como los libros bíblicos.
En el libro Capdevila santifica a Lenin, como una suerte de segundo mesías, en un texto en el que su muerte adquiere la dimensión profética de un Santo Rojo destinado a derogar el viejo tiempo para iniciar un nuevo orden milenario.
Capdevila establece un paralelismo entre Lenin y Moisés como el elegido de Yahvé en la zarza ardiente para dotarle de una entidad semejante a los grandes fundadores de religiones.
A pesar del mensaje de la obra, es importante aclarar que la afinidad de Capdevila al comunismo no era pura y estaba muy influenciada por premisas espiritualistas, teosóficas y ocultistas, lo que lleva a la propia intelectualidad de la izquierda de la época a dudar de sus intenciones y considerar que el autor utilizó a Lenin únicamente como un motivo estético.
En todo caso, en el debate que se suscitó en torno a la obra se pusieron al descubierto las acusaciones de la izquierda por el velado interés de algunas corrientes por vincular cristianismo con comunismo.








