Mauro Bajatierra, panadero de profesión, fue uno de los fundadores del movimiento anarquista en Madrid.
Perteneció a la logia masónica La Cantoniana, en la que alcanzó el grado de Maestro con el nombre simbólico de Justicia.
En la Guerra Civil ocupa el cargo de comisario de guerra, aunque su función principal fue la de periodista, llegando a escribir 750 crónicas, la mayoría de ellas publicadas en el periódico de la Confederación Nacional del Trabajo.
Sus textos son muy valorados porque, aun descontando el inevitable subjetivismo ideológico y la censura gubernamental, tendente principalmente a mantener el espíritu triunfal de sus tropas, gozan de la frescura de la inmediatez, del contacto extremo con los milicianos del frente.
Bajatierra escribe desde la propia trinchera, lo que concede a sus crónicas mucha información detallada y una pátina de humanidad y cercanía que no atesoran los relatos de la mayoría de reporteros, que en aquella guerra escribían desde sus hoteles.
Su muerte tiene lugar el día de la entrada de las tropas de Franco en Madrid, en un episodio aún desconocido que oscila entre la versión oficial de muerte natural y las más románticas que fluctúan entre la bizarra espera a la puerta de su casa hasta la defensa numantina de un destino irrebatible.
En 1937 la oficina de propaganda de la C.N.T. decide publicar una muestra de sus crónicas en un volumen prologado por Federica Montseny.
El libro contiene un total de 58 crónicas, divididas en dos bloques. Uno dedicado a la defensa de Madrid, que abarca los meses de noviembre de 1936 hasta marzo de 1937, y un segundo bloque centrado en la batalla de Guadalajara.








