Tercera de las obras de Valle-Inclán y primera con la que obtuvo un cierto reconocimiento, aún lejano del éxito.
Tras la publicación en Pontevedra de Femeninas se trasladó a Madrid con la intención de franquear algún portón literario que no consiguió abrir. Su labor en aquellos días se redujo a alguna que otra colaboración en prensa, pero lo que sí traspasó fueron las puertas de las cafés que le permitieron conocer a escritores como Benavente, Azorín o Baroja.
Poco después publicó Epitalamio, con idéntico o peor resultado de crítica y de ventas.
En medio de su penuria literaria y económica ocurrió el conocido incidente del café de la Montaña, donde, con motivo de una discusión con Manuel Bueno recibió un bastonazo en el brazo izquierdo con tan mala suerte que uno de los gemelos de la manga de la camisa se le clavó y tras cierta desidia médica acabó la historia con la amputación de su brazo izquierdo.
Sus amigos de tertulia, Benavente, Martínez Sierra y Rosario Pino, entre otros, se apiadaron de su situación y, con la intención de recabar fondos para la compra de un brazo ortopédico que nunca se le conoció, planearon representar un drama inédito de Valle junto con otra pieza corta de Benavente.
El teatro Lara fue el escenario del estreno de Cenizas y el periódico vespertino La Época se hizo eco de la noticia: «El público oyó la obra del Sr. Valle-Inclán con agrado y le llamó a escena al final del acto tercero.».
Gracias al éxito traído por la desgracia, poco después la obra se publicaba en una pequeña edición cuyo colofón iba dedicado a su gran amigo Jacinto Benavente.







