CAMPANARIO DE LA PRIMAVERA

Año de Edición

1930

Autor

Emeterio Gutiérrez Albelo

Editorial

Edición del autor. Tenerife

Medidas y estado

80 p. 21 x 13 cm. Rústica original. Cubierta y alguna página ligeramente sucia. Firma en contracubierta Buen estado. Dedicatoria manuscrita

Sin existencias

Gutiérrez Albelo nació en Icod de los Vinos. Realizó sus primeros estudios y cursó Magisterio en La Laguna. Desde muy temprana edad sintió la vocación pictórica, pero poco después se inclinaría por la literaria.

Sus primeros textos publicados en revistas, periódicos e inéditos poseen un estilo romántico y neomodernista.  Su auténtica primera etapa comienza en 1930 con la publicación de “Campanario de la primavera”, libro de ruptura con la estética modernista donde todavía se puede observar su herencia romántica y simbolista mientras trata de buscar la luz del conocimiento, de la poesía y del paisaje que lo rodea.

En él integra publicaciones anteriores de Hespérides, el periódico La Tarde o El Progreso. El poemario es reseñado por Agustín Espinosa en la revista de Giménez Caballero, La Gaceta Literaria. Espinosa destacaría la claridad, la novedad expresiva y el impulso juvenil que acompañan a esta primera obra, así como la voluntad de contemporaneidad de su autor.

Otros rasgos que ubicarían esta obra en el camino de la renovación expresiva lo constituyen la fragmentación del discurso, el alejamiento del orden lógico de la frase, las nominalizaciones y las alteraciones semánticas. Por su parte, Giménez Caballero introduciría la obra de Gutiérrez Albelo entre los números de agosto y septiembre de la Revista de las Españas en el año de su publicación. La crítica señalaría la influencia de los literatos Francis Jammes, Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna, así como la de las principales voces de la incipiente Generación del 27, una multiplicidad de influencias sin asimilar en su totalidad: la huella modernista junto a la poesía pura, el ultraísmo y el neopopularismo. Con «Campanario de la primavera», Gutiérrez Albelo habría culminado, en palabras de Espinosa, la aportación de Tenerife «a su última hora poética española», adscribiéndose de esta forma a la generación literaria que amanece en Canarias con La Rosa de los Vientos.

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