Manuel de la Peña fue un poeta, editor y crítico literario cuya presencia en la vanguardia española, aunque discreta en volumen, resultó decisiva en la articulación del ultraísmo. Su influencia se configura en torno a una doble dimensión: la participación activa en los espacios donde se gestó la renovación estética y la dirección de proyectos editoriales que dieron forma material al movimiento.
Su actividad se inicia en Los Quijotes, revista que anticipó el clima de ruptura con las poéticas finiseculares. Fue asiduo asistente a la tertulia del Café de Platerías y su relación con escritores como César González-Ruano lo integró en la bohemia madrileña. En la etapa final del ultraísmo, su papel se intensifica con su participación decisiva en las revistas Vértices y Tobogán. En esta última también fue el responsable de sus ediciones, donde se publicó uno de los poemarios más sugerentes de la vanguardia, Viaducto, de González-Ruano.
Bordón, publicado en 1925, constituye su única obra poética conocida y un testimonio preciso de la fase tardía del ultraísmo. El volumen recopila textos compuestos en 1922, momento de madurez y declive del movimiento en el que se agrupan la metáfora concentrada, la fragmentación sintáctica y la eliminación de lo anecdótico tan comunes en la corriente vanguardista.
La obra pertenece a ese reducido grupo de exquisiteces vanguardistas que rara vez aparecen en el mercado.









