José Martínez Ruiz utiliza la literatura para hacernos partícipes de sus reflexiones. Sus narraciones, más allá de sus sutiles observaciones, evocan la sencillez cotidiana, como cuando nos cuenta la vida vulgar y en parte trágica de su alter ego, ese hombre campechano y afable que es Antonio Azorín.
En esta novela nos sumerge en el paisaje rural alicantino del que procede. Se vale de su precisión lingüística para revivirnos elementos olvidados, desdeñados; barrancos, caminos y casonas a través de su deambular abúlico por el polvoriento medio rural alicantino. El protagonista es un articulista y escritor provinciano que, aparentemente apartado de ilusiones vitales, busca un último rescoldo de la fama en Madrid.
Melancolía de esos libros que debía haber leído y que entonces consideró una pérdida de tiempo.
Con su prosa intimista y sobria, atenta al detalle, parca en calificativos y redundantes abrió un camino de modernidad que seguirían muchos de sus coetáneos.








