En apenas cinco meses, a caballo entre 1921 y 1922, se sucedieron cuatro acontecimientos culturales que determinaron el nacimiento del movimiento nativista.
La aparición de la obra de Fernán Silva Valdés Agua del tiempo, la exposición en el Salón Maveroff de los cuadros negros y gauchos de Pedro Figari, el estreno del poema sinfónico Campo de Eduardo Fabini en el Teatro Albéniz de Montevideo y la publicación del poemario Alas nuevas de Ipuche impulsaron una corriente distante del modernismo en la que lo autóctono se abordaba desde la renovación estética que proponían los movimientos de vanguardia en las primeras décadas del siglo veinte. Se procuraba llegar a lo universal desde la realidad de lo local, revelando una preocupación metafísica por el misterio de la creación y la esencia de los seres.
El nativismo de Pedro Leandro Ipuche logra una revaloración de los temas criollos tratados con un lenguaje más moderno que tiende a una universalización de personajes, motivos o sentimientos mediante una comunión entre lo telúrico y lo celeste, consiguiendo una armonía de eternidad en la fugacidad de las cosas.








